Huellas de una vida intensa e histriónico carácter se reflejan en su mirada de mujer. Las palabras brotan cual manantial cristalino desde los labios de la actriz, directora y escritora Alicia Pineda; hoy avocada como madre y abuela. Resaltan las anécdotas de guerrera incansable y un espíritu lleno de sensibilidad y nobleza. Así se nos muestra, en exclusiva con Tribuna de La Habana.

-Crecí en un entorno de cariño y mucha protección, mi mamá y mi papá me enseñaron la importancia de considerar lo bueno y sencillo por encima de todas las cosas que hacen mal. En 1957 vine a trabajar a la tienda El encanto como suplente en las ventas de invierno y navidad. Yo tenía la idea de trabajar lo que había estudiado, quería ser secretaria en algún Banco o algo así...

“Un día una prima mía, esposa de un guardia batistiano, me propuso conseguirme un empleo mejor. Cuando mis padres lo supieron no permitieron que aceptara el favor. Entonces mi mamá dijo que yo no iba a ser secretaria por obra de ningún esbirro, y así fue.

“Luego entre a la Universidad para estudiar Administración Pública y conocí a Fidel. Fui de las primeras milicianas siendo aún muy joven y más tarde de lo que hubiera querido. Pasé por otros trabajos hasta que llegué a Comercio Exterior en la empresa Cubametales, donde me salió la veta de actuación y creamos una radio base. De ahí salió una especie de programa que llamamos La voz de los metales. Contaba todo lo que pasaba en la Universidad, las noticias sobre actualidad y hacia radio sin darme cuenta”.

¿Cómo llega la actuación a la vida de Alicia?

—Después de un tiempo empecé a trabajar en el departamento de capacitación de Icrt donde pasé el primer curso de actuación para preparar nuevos actores. Estudié junto a Irela Bravo que era casi una niña, entre muchas. No creo que fuera de las mejores, pero me hice actriz. Llegué después a Radio Progreso, hice radionovelas inolvidables para mi vida. Me encantó la sensorialidad, cómo ese nuevo mundo se abría ante mis ojos descubriéndome millones de posibilidades. Creamos y diseñamos la programación de la madrugada y poco a poco me acerque a la escritura y a la dirección. En Radio Progreso tuve la dicha de ganarme la militancia al Partido el 28 de octubre, el día del santo patrono de Guanajay.

El amor

—De joven tuve un amor imposible, un hombre cinco años mayor que yo vinculado al movimiento revolucionario. Experiencias e ideas similares nos acercaron, pero también nos alejaron sobremanera.

“Después conocí a Santiago, con quien compartí ocho maravillosos años, en Radio Progreso. Nunca nos casamos y muchas personas comentaron cosas negativas sobre nuestra relación, pero mi respuesta siempre fue firme, yo era una militante feminista sin saberlo” (Sonrisas).

Alicia hoy

—Ya estoy jubilada hace unos años. No por cansancio ni desidia, decidí dedicar tiempo a mi familia, la casa, sin descuidar aristas imprescindibles del arte. A estas alturas todavía dirijo una peña musical en la Casa Comunitaria de Centro Habana, mezclamos estampas de comedia o sketch con otras manifestaciones artísticas. Vivo orgullosa de mis hijos y nieto.

¿Qué representa el Premio por la obra de toda la vida?

—Me emociono solo de pensar que me consideraron entre tantos colegas de inmenso talento. Creo que he trabajado duro, nunca para merecer premios, lo más importante es nuestro público, la entrega diaria que los artistas les debemos. La Agencia Actuar es ahora mi nueva casa, es el espacio donde me siento útil, considerada y querida. Agradezco este reconocimiento y la oportunidad de compartir con grandes personalidades del cine, la televisión y la radio, esta dicha.