Texto y foto: Miguel Moret

Un hombre y su relación con el universo, una historia proscrita en la retórica estrecha de una isla, un autor que regresa sobre las huellas del tiempo, una verdad… Así culminó, Misterios y pequeñas piezas, una exitosa temporada para Argos Teatro. Escrita y dirigida por Carlos Celdrán, es continuación en un ciclo de entrega extrema para el creador.

La obra desnuda el alma de un artista mientras se imbrica en procesos de la formación personal de toda una generación. Renuncia al tono autobiográfico dando espacio y voz a la imaginación pero repasa acordes de una tonada ineludiblemente propia. La puesta no pretende aleccionar ni vagar en despilfarro de recursos, sí abrazar un compromiso con la investigación profunda en sentimientos, estados físicos y mentales, caracteres, es una clase magistral para jóvenes y experimentados actores.

Foto: Miguel Moret

Caleb Casas encarna visceralmente al Director de teatro, desde una sensibilidad y agudeza técnica que le permite vestir la piel de su personaje, expandiendo su luz y madurez actoral. Cargado de energía y franqueza escénica combina en voz y fisicalidad la caracterización exacta en medida emocional y estética para su rol.

Por otro lado, el joven Daniel Romero se reafirma como una de las promesas más interesantes de las tablas en Cuba. Sale de los límites que pudieran imponerle el cine o la televisión para mostrar una faceta totalmente distinta de cara al reto y oportunidad que significa siempre trabajar con Argos. Incorpora con frescura y seguridad al Estudiante A, retrato quizá del autor, o de la ingenuidad que representa la actualidad de una obra.   

Yailín Coppola y Waldo Franco, partes y contrapartes de las líneas temporales y argumentales, resultan apoyo experimentado para la trama. Delinean sus roles mientras se pasean hábilmente por el espacio habitando con potencia la acción dramática. Sacan fibra de cada segundo en escena, transformando la representación en un relato multidimensional y exquisito.

Misterios…, dialoga con una poética atemporal, instala sus raíces en tiempo y espacio, pero no necesita desplegar recursos experimentales o estéticas hechas. Supone un punto inexacto aunque sensato entre ficción y biografía erigiendo un contexto onírico que basa sus fronteras en la vida. Pregunta a sus espectadores sobre sus conexiones y experiencias para dar nuevas perspectivas de pasado y futuro. Marca sin dudas un hito de excelencia y sensibilidad para el paisaje teatral actual.