La convulsa cotidianidad que nos agobia, de la cola del pan a la de la guagua, todas son caras conocidas que cumplen su función de motor en la existencia humana. Llega la noche y muchos nos reunimos ante la TV para desconectar de la diaria “luchita”, disfrutar de una historia diferente, alegre o trágica, que despeje el pensamiento.

La telenovela en nuestro país ha pasado últimamente por un proceso de críticas, debido a la pérdida de valores artísticos y estéticos que primaban en las creaciones del género en la Isla. No necesitamos regodearnos en la recurrente comparación con producciones foráneas o épocas de un dorado espacio dramático televisivo, ya sabemos que ese mítico pasado no volverá. Sí esperamos un futuro reparador y diligente en correspondencia a las necesidades de un público creciente en opciones de este tipo de entretenimiento audiovisual.

Foto: Portal de la Televisión Cubana

Vidas Cruzadas es la propuesta ópera prima de la joven realizadora Heiking Hernández Velázquez, quien codirigió anteriormente la serie Zoológico. La trama relata las peripecias en las que se ven envueltas dos familias luego del fallecimiento de un hombre que llevaba una doble vida en secreto. Salen entonces a la luz retos y situaciones problémicas que fuerzan un convulso diálogo entre partes y contrapartes de ambos núcleos.

Personalmente no me ha enganchado la historia (lo cual no es un argumento para este análisis). Todavía me choca la ligereza de algunas actuaciones secundarias, personajes logrados por los pelos. Quizá falla la organicidad en las reacciones de actuaciones a las cuales les falta nivel para mostrar lo que bulle bajo la piel para hacer emerger a sus respectivos personajes, mientras otros exceden la interpretación en tono y volumen, sin dejar de tener en cuenta la candidez de algunos actores frente a la intensidad dramática requerida para mostrar los intríngulis de estas vidas en conflicto.

Foto: Portal de la Televisión Cubana

Por otro lado, vale resaltar la fotografía de Claudia Remedios, quien busca una perspectiva diferente desde cada plano y ángulo. A partir de imágenes frescas, busca y logra mostrar de forma adecuada la atmósfera recreada sin acudir a recursos de grandes pretensiones. La luz y la delicadeza son su objetivo principal, dibujando una Habana sutil, alejada visualmente de la complejidad que la caracteriza, pero latente en los interiores de estas vidas.

Considero que el guión de Yamila Suárez todavía pudo delinear más los sucesos con efectividad, buscando reacciones verosímiles. Muchas veces las subtramas cobran protagonismo y fuerza dramática superior a la que ha logrado la línea argumental principal.

La música es sin dudas el mayor acierto de esta propuesta. Las composiciones instrumentales de Alejandro Falcón habitan una realidad alterna, crean una perspectiva totalmente nueva para los televidentes acostumbrados a la canción de moda, colocando toques de cubanía a través de pasajes conocidos del pentagrama que evoca a Manuel Saumell, Ignacio Cervantes y Miguel Failde, pero con una autenticidad sonora y contemporaneidad en cada una de las partituras acompañantes de esta telenovela que cruza sobre las expectativas de millones de personas en la pequeña pantalla.

Foto: Portal de la Televisión Cubana
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