El desarrollo cultural en Cuba está estrechamente vinculado con el programa político, económico y social erigido por la Revolución. Los anteriores gobiernos “republicanos” nunca concibieron la importancia de este sector en la defensa de la cultura e independencia del país.

Sin embargo, una de las primeras medidas del proceso revolucionario fue potenciar la creación artística en todas sus manifestaciones. Así mismo el máximo líder Fidel Castro desde los primeros años de la década del 60 tuvo muy claro el decisivo rol del ramo en el desarrollo de la sociedad a edificar.

En “Palabras a los intelectuales”, (encuentro sostenido con escritores, profesionales y máximos exponentes de la cultura) el Comandante en Jefe se refirió a la necesidad de fomentar el conocimiento en todas las disciplinas del quehacer artístico, sin descuidar la calidad.

Al mismo tiempo convocó a los intelectuales a salvaguardar la Revolución, resaltando que todo debate y reflexión era posible dentro de ella. Pero que no tendría espacio jamás la contrarrevolución, esa que sirve a los intereses de los enemigos, y cual históricamente ha actuado como mercenaria plegada al imperio e intereses foráneos.

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, la Asociación Hermanos Saiz, AHS, las empresas musicales y escuelas con presencia además en todo el territorio nacional, son ejemplo de la voluntad política del Estado por impulsar los movimientos culturales.

Y una de las mayores expresiones de esta política que se abrió paso desde los primeros años del triunfo de 1959 fue la masividad en la enseñanza artística. 
Dejó de ser privilegio de las élites, los hijos de los más desposeídos tendrían derecho a educarse gratuitamente en las instituciones de arte de nivel elemental, medio, y superior. Solo la vocación y aptitudes reconocidas serían los requerimientos exigidos.

Surgieron entonces los grupos de aficionados, las Casas de Cultura en cada localidad. Y lugares apartados de las ciudades, incluyendo comunidades del interior, las zonas montañosas, conocieron por vez primera la presentación de una obra teatral, de cine, un musical o cualquier manifestación de artes plásticas.

Las brigadas de instructores de arte crecieron de manera vertiginosa, diseminándose por toda la geografía de la Mayor de las Antillas y actualmente constituyen una fuerza creativa y docente, de gran pujanza.

Cambios radicales en todos los frentes se produjeron luego de la alborada de enero. Miles de hombres y mujeres ponen hoy muy en alto el nombre de esta tierra de gigantes dando a conocer las disimiles expresiones fraguadas por los especialistas y profesionales formados en centros y academias cubanas.

A todos los trabajadores del sector comprometidos con la protección del patrimonio e identidad cultural de la Patria, muchas felicidades en su día.