Foto: Alejandro Rojas Espinosa

El torso cede espacio al aire que corre a contra corriente, fuego y agua son destilados en presagio. De la mística danza surge el destino de los hombres. Acosta Danza es una compañía que desde sus comienzos se caracteriza por una especial energía, magia ligera que exorciza una voz infinita para transmutarla en gestualidad y belleza.

Fundada y dirigida por el Primer Bailarín Carlos Acosta, quien en sí encarna insondables aristas de versatilidad y sensibilidad, llegó al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso el pasado fin de semana con su Temporada “Destinos” y un exquisito programa, compuesto por dos obras que detallan el trayecto narrativo y estético de la compañía.

Regresó la gitana Carmen en una creación original de Carlos Acosta, inspirada en la novela homónima del francés Prosper Mérimée, obra en la cual habita dicha historia desde la música creada por Georges Bizet, dándole brotes de singularidad y una mirada fresca. Cuenta con el diseño de vestuario de Tim Hatley y las luces de Peter Munford, quienes dotan a la puesta de divinidad y primor.

Cada detalle es cuidado con pericia desde la magnífica técnica, creatividad y veracidad de los bailarines hasta el mínimo detalle visual y sensorial. También disfrutamos de la reposición de Satori, espectáculo creado por Raúl Reinoso que cual onírica expresión, visita senderos de autoreconocimiento y vitalidad; mientras en la coreografía se construyen imágenes que dialogan con el imaginario de un artista lleno de referentes y ensueños.

La puesta presume de amplios recursos expresivos, su música es una partitura original de Pepe Gavilondo, además de contar con vestuario y decorado del diseñador curazaleño Angelo Alberto y luces de la artista italiana Fabiana Piccioli. Destinos rebasa cualquier expectativa del espectáculo danzario contemporáneo gracias a la versatilidad y limpieza lograda por Acosta Danza. Sugiere un paso de avance hacia zonas de experimentación con profundidad, mientras conserva su poética fundacional.