Surca un sombrío espectro sobre la voz marchita de aquella que se calló. No cabe en esta tierra el más pequeño espacio al irrespeto, la violenta canción que te persiga por las calles, la cicatriz honda que marque el alma. En el marco del día de la No violencia contra las mujeres y niñas muchas acciones artísticas han tenido como casa la capital habanera.

Foto: Miguel Moret

A mí que no me regalen flores, es un monólogo irónico y necesario sobre la violencia machista. Con texto de Jorge A Guerra y dirección de Miguel Ángel Latorre Caballero la puesta dialoga-, a través de dos mujeres (actrices),- sin tapujos sobre la violencia a la que muchas féminas continúan siendo sometidas. Expone la persistente desigualdad producto de la mantención exponencial del patriarcado hasta nuestros días. Dos mujeres, una sola voz que canta, grita, susurra historias conocidas y que continúan repitiéndose.

Foto: Miguel Moret

Desde un diseño escénico y dramático minimalista se recrea un salón de terapia colectiva, como la de alcohólicos anónimos, para mujeres abusadas. Algunas sillas, una maleta, una pieza de ropa y una pequeña cartera de color rojo, como los labios de ellas, sirven cual expiación o salvoconducto de feminidad.
Las actuaciones resultaron precisas, rebosantes de comicidad mientras se necesitaba, luego la seriedad cubrió cada palabra de veracidad.

Inima Fuentes y Rocío Montero, representaron dos versiones de la misma fábula. Cuba y España, cual díptico de un enfoque que va más allá del género. Con sutileza y desgarre las actrices desmontan mitos exponiendo realidades cotidianas. La música deviene recurso expresivo y narrativo. Desde antológicas canciones hasta populares reguetones se establece el discurso. Como una letra o ritmo puede establecerla supremacía del mal llamado seso fuerte sobre las mujeres. Así lo que a simple vista parece una simple tonada se transforma en vehículo de ofensa, violencia e irrespeto.

Foto: Miguel Moret

Esta obra que llenó de risas y reflexión por tres días la sala teatro del Centro Hispanoamericano de Cultura sito en Malecón 17, entre Prado y Cárcel, ahora bien podría llegar al circuito teatral para el disfrute de mayor cantidad de público. Queda camino por andar en la concientización de nuestra sociedad sobre los peligros de educar a niños y niñas bajo cánones familiares machistas. Sirvan las artes escénicas y otras manifestaciones artísticas para divertir, mientras en cada texto se pueda también educar a las nuevas generaciones.