Trasciende la vida moderna de los seres humanos convulsa, maquiavélica, urdida entre posturas sociales, tribus posmodernas que emigran del trabajo hacia los bares de moda y metas ineludibles para cumplir antes de los 30 años. Pocos escapan de la tentación que resulta construir una máscara diferente a la que traemos y recubrirla con modernos “títulos nobiliarios” mientras dura el efecto de la última inyección de vitalidad.

La mayoría de los suicidios ocurren en domingo es la propuesta de La Luna y Raúl Martín, con la cual trae, en el contexto de la pasada semana de Teatro Polaco en La Habana, un retrato físico y visceral de la sociedad contemporánea. Esta vez la dramaturgia de la polaca Anna Burzynska resulta vehículo expresivo de una anunciación; la premisa nos alerta sobre una realidad que ya corroe nuestras calles.

Foto: Miguel Moret

En la obra concurren la música a modo de hilo conductor, la danza cual cuerpo casi etéreo y una visualidad onírica, como si viviéramos por casi dos horas en las pupilas del director. Despiertan en una tela de araña vibraciones, sensaciones y sentimientos encontrados, parecidos e igualmente divorciados en la hostilidad de una vida competitiva. Cohabitan en una habitación dos actores, quienes describen una rutina sutilmente aprendida, mientras la casualidad los desnuda al uno frente al otro.

Clara es interpretada por Yaikenis Rojas, quien aborda las circunstancias con su carisma y veracidad. Despliega hábilmente su amalgama de recursos actorales, su voz llena de colores y matices deslumbra poniendo el toque exacto de comicidad, sin exageraciones ni banalidades. Por otro lado Luis Manuel Álvarez es Nicolás, el actor que resalta por la profundidad de sus inflexiones emocionales. Transita acertadamente desde las reacciones más pequeñas hasta descubrir los desgarrantes conflictos de su personaje.

Foto: Miguel Moret

La música regresa como elemento de alto protagonismo para la representación, esta vez junto a la coreografía en una narrativa intensa y extremadamente sensorial. Al piano Laura de la Caridad, que al mismo tiempo es Alexa, una especie de secretaria electrónica para la pareja. Así la puesta nos enreda en una espiral de carcajeo y desesperación, exponiendo una historia ineludible para el contexto contemporáneo.