Luego de 60 años de resistencia ante las sistemáticas agresiones organizadas por Washington y grupúsculos contrarrevolucionarios carentes de escrúpulo y sensibilidad humana que operan en la Florida, el pueblo cubano sigue su rumbo indetenible hacia la construcción de una nueva sociedad basada en el desarrollo con mayor equidad, justicia social, y plena independencia.

La Ley Helms-Burton erigida por representantes del gobierno de los Estados Unidos acrecienta el bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla, al tiempo que muestra una legislación orientada al genocidio por dañar la vida de millones de personas, incluidos ancianos, mujeres y niños, víctimas principales de esa criminal política vigente en el país del Norte que dice ser “paladín de los derechos humanos”, mientras simboliza su antítesis.

Solo de irracional y contraria a los principios del derecho y comercio internacional puede catalogarse esa ley  violatoria de la soberanía de otras naciones, por su carácter extraterritorial. Pero también constituye una falta de respeto al demandar propiedades del pueblo cubano, luego que batistianos y personeros del régimen sanguinario de Fulgencio Batista huyeron robando la inmensa mayoría de las riquezas y recursos de la nación.

Así mismo es conocido que la Casa Blanca jamás aceptó las indemnizaciones convenidas por las propiedades estadounidenses nacionalizadas, a diferencia de otros países que recibieron compensaciones.

Las escuelas, centros hospitalarios, viviendas, playas, instalaciones recreativas y culturales, tierras labradas por el campesinado, entre otros recursos, son propiedad exclusiva de la población de la Mayor de las Antillas, que  además, ha sufrido por décadas el asedio más criminal de la historia en las últimas dos centurias.

Y son cuantiosos los daños causados por las agresiones realizadas por más de doce administraciones norteamericanas contra la Isla. Ello ha provocado sustanciales perjuicios a la vida humana, a lo cual se suman millonarias afectaciones a la economía, no solo por el vigente bloqueo genocida, sino además por el accionar del terrorismo procedente de Miami, casi siempre patrocinado por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, la misma que cuenta con una lúgubre historia de injerencia e intervenciones en los asuntos internos de otras naciones de la región.

Pero los cubanos que a lo largo de estos años han logrado altos niveles de conciencia y cultura política han aprendido a resistir y vencer cada desafío impuesto por el arrogante e inhumano imperio que resulta incapaz de comprender el valor de las ideas y la justicia social que enarbolan los pueblos latinoamericanos y caribeños, los cuales demandan alcanzar la sostenibilidad económica con paz y complementariedad.