Retumbaron este miércoles los tambores de la paz y también los de la dignidad y defensa de la Patria libre y soberana de Cuba.

La multitudinaria movilización popular por el Primero de Mayo Día Internacional de los Trabajadores acontecida en la Plaza de la Revolución José Martí y a lo largo y ancho de toda la Isla constituyó un referéndum del pueblo en apoyo a la Revolución Cubana.

Resultó significativo en el desfile, el rechazo a las perversas medidas de recrudecimiento del bloqueo impuestas por el gobierno de los Estados Unidos que preside Donald Trump y quien se ha rodeado de tradicionales personajes con record de falacias, carentes de honor y con historia de belicismo y quebranto al derecho internacional.

Los malandrines asesores de Trump desconocen la historia de lucha, sacrificio y resistencia de la Mayor de las Antillas que decidió hace mucho tiempo no volver jamás a la república sumisa y neocolonial del siglo pasado, esa que trajo consigo miseria extrema, asesinatos de jóvenes y analfabetismo y falta de servicios básicos para la población.

Millones de ciudadanos de todos los segmentos de la sociedad condenaron de manera contundente la instrumentación del título III de la Ley Helms-Burton que intenta asfixiar sin escrúpulo ni humanidad alguna a un pueblo entero por solo erigir un modelo de desarrollo social y económico más inclusivo y justo, diferente al de Washington que disemina el salvaje neoliberalismo que destruye vidas y genera abismales desigualdades.

El territorio cubano vibró este día y ofreció al mundo el mensaje de unidad, compromiso y decisión de vencer todos los desafíos y crímenes que cada día implementa la Casa Blanca rebosada de dirigentes sofocados por el odio, resentimiento y desbordada ambición de recursos y expansionismo geopolítico.

Pero es precisamente esa sistemática actitud delictiva de la administración Trump la que hace que exista en la tierra de Martí mayor cohesión y espíritu de batalla frente a la ignominia, esa que ciegamente esparce por el universo el irracional y absurdo gobierno estadounidense el cual no tiene siquiera el beneplácito de sus acérrimos aliados, por cuanto vulnera sus intereses y burla a la mayoría de la comunidad internacional de manera verdulera. Las más de veinte resoluciones de las Naciones Unidas que repudian el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba así lo demuestran.

Lo que sucede es que la prepotencia de Norteamérica sigue coadyuvando al aislamiento cada vez más notable de EE.UU. que podría haber logrado con astucia y buena vecindad, negocios mutuamente ventajosos para los pueblos, sino estuviese mal influenciado por los añejos y torpes funcionarios Bolton, Pompeo, Pence, Abraham y compañía que tanto daño hacen a la humanidad y a todos los ciudadanos norteamericanos al limitarlos en sus posibilidades de comerciar e invertir en la Isla y en otras latitudes por el mentecato proceder de una administración que no mide las consecuencias de sus barrabasadas como ocurre con la constante imposición de asedios, cercos financieros, sanciones y agresiones, aunque estas tengan un alto costo para los estadounidenses.

Basta de bravuconerías, chantajes, injerencias y mentiras galopantes como las que utilizan contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, y muchos otros países que lo único que han hecho hacia el interior de sus naciones es mejorar la distribución de los recursos, de manera que disminuyan los hambrientos y olvidados por centurias de brutal colonialismo y capitalismo neoliberal.