La ultraderecha fascista que conforma la administración del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, arremeten contra Cuba, basados en la violación de todos los derechos contemplados en la Carta de las Naciones Unidas y se convierten en una amenaza para la paz en la región, al condicionar su política injerencista en los basamentos de la doctrina Monroe y la persistencia de alentar a los trasnochados restos de la brigada 2506 que fuera derrotada en abril de 1961 –a pesar del apoyo de tropas estadounidenses conformadas por portaviones, submarinos, acorazados y miles de hombres-, en las arenas de Playa Girón.

Los políticos norteamericanos que persisten en la teoría de la fruta madura han comparado a Cuba con una manzana y esperan ver, de un momento a otro…, lo cual no será posible sin cumplir la sentencia del Mayor General Antonio Maceo y Grajales: “¡Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre!”, como enfatizó el Líder histórico de la Revolución cubana en su alocución en la temprana fecha del 27 de marzo de 1960, con motivo del desfile de las milicias populares, al advertir: “¡Y ojalá nuestros enemigos comprendan que un pueblo así no es fácil de agredir; que a un pueblo así no se le puede vencer!, porque nosotros hemos hecho nuestra, definitivamente, aquella consigna de quien fue la máxima expresión de la combatividad y del valor cubanos!”

Trump coloca una situación intolerable para los cubanos con esta nueva agresión que recuerda en la funesta historia de las guerras de Washington, la proyección del señor, John Quincy Adams, diplomático y político estadounidense que llegó a ser el sexto presidente de los Estados Unidos (1825-1829), y quien en el 28 de abril de 1823, formuló la tesis conocida en la historia cubana como la política de "la fruta madura", según la cual Cuba por su cercanía geográfica, debía caer en manos de los EE.UU.

Míster Adams, era hijo del segundo presidente de estadounidense, John Adams. Como diplomático estuvo implicado en numerosas nego-ciaciones internacionales, además, como Secretario de Estado, participó en la creación de la Doctrina Monroe.

En varias ocasiones el líder histórico de la Revolución cubana, Comandante en Jefe, Fidel Castro, denunció la actividad de más de 50 agencias de vigilancia de los servicios de inteligencia de Estados Unidos para garantizar la funcionabilidad del bloqueo contra la Isla.

En este sentido, resulta más que obvio la actividad de estos servicios al realizar el análisis de la efectividad de las medidas orientadas por la dirección del Partido y el Gobierno cubanos para aplicar los Lineamientos de la Política Económica y Social, analizados en el VI Congreso del Partido Comunista y previamente debatido a escala nacional por militantes y no militantes.

Las nuevas medidas norteamericanas, contempladas en la extraterritorial “Ley Helm-Burton”, apuntan, con mucha rapidez, a impedir los tangibles resultados de Cuba en el reordenamiento y la modernización del sistema de gestión empresarial cubano, en medio de las más revolucionarias regulaciones (consideradas así, por analistas estadounidenses, inclusive) y contra la decisión del pueblo de Cuba a defender su derecho a construir el Socialismo, basado en el derecho de una nueva Constitución, aprobada reciente.