Una de las prioridades del Estado cubano desde el triunfo revolucionario ha sido la defensa de los derechos humanos de los ciudadanos, lo cual se traduce en mejor calidad de vida e incluye acceso gratuito a servicios de salud y educación para todos los compatriotas por igual sin distinción de clase, credo y raza.

De igual manera, sigue la Isla siendo ejemplo de colaboración desinteresada con los pueblos de América Latina, el Caribe y el mundo que más lo precisan.
La Mayor de las Antillas no invade naciones con militares, bombas, ni impone con falacias bases militares. Por el contrario, lo que aporta es solidaridad en frentes de profunda sensibilidad.

Los médicos y paramédicos de la tierra caribeña acuden a cualquier parte del orbe que requiera sus modestas prestaciones, sea en lugares inhóspitos u otros donde cohabitan personas, particularmente mujeres, ancianos y niños, víctimas de la desolación y el olvido por centurias de colonialismo, neocolonialismo y despiadado capitalismo.

El Programa Más Médicos implementado con el otrora gobierno del Partido de los Trabajadores en Brasil y la Organización Panamericana de la Salud es solo una muestra de lo que son capaces de realizar los galenos cubanos por el bienestar de los demás.

Lastimosamente, este proyecto tan noble y necesario en la profundidad de ese país se interrumpió ante la falta de respeto e ignominia manifestada en declaraciones públicas por el recién electo presidente Jair Bolsonaro quien ya mostró su pobre sentido humanista e incapacidad para decidir los destinos de millones de hombres y mujeres humildes de ese pueblo hermano de la región.

Este señor también ha resultado ser un ente ultra reaccionario el cual, (al igual que su hijo introducido en la política), se codea con lo más retrógrado de la mafia cubano americana de Miami, fundamentalmente con esos que fomentan odios, desunión y sustentan hondos resentimientos e impotencia al no poder apoderarse de la Patria libre y soberana de José Martí y Fidel Castro. Esa que por siglos despreció a los anexionistas y lacayos de los imperios.

En el Día Internacional de los Derechos Humanos este 10 de diciembre, mucho tiene que exhibir esta tierra de gigantes. En más de 160 países se ha hecho sentir la ayuda solidaria de Cuba y no solo en el frente de Salud y Educación, sino también en otras ramas de interés socio-económico. Pero siempre con el único propósito de contribuir a favorecer a los más desposeídos, compartiendo lo que tenemos y no lo que sobra, algo que debían haber aprendido hace décadas los más ricos e industrializados del universo.

Ello hubiese permitido alcanzar un mundo más justo y menos desigual, al tiempo que disminuirían las oleadas migratorias y las colosales brechas entre el Norte y el Sur, y saldrían de la pobreza extrema más de 800 millones de personas en el planeta.

Esa es la verdad que no acaban de comprender, y menos reconocer, los Bolsonaro y todos aquellos que como él en la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA) están orientados a potenciar los intereses de las oligarquías y el gran capital foráneo en detrimento de las grandes mayorías de poblaciones del continente.