Durante los meses de permanencia, en Zaire -y a pesar de la extrema vigilancia de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos-, los integrantes de la Columna Uno, integrada por más de un centenar de internacionalistas liderados por el Che, libraron más de cincuenta acciones combativas en condiciones de extrema adversidad sin ser vencidos por el enemigo; pero la ausencia de un movimiento patriótico vertebrado con el cual colaborar los llevó a interrumpir la misión.

No obstante, una segunda columna, entrenada con similar rigor, llegó al Congo Brazzaville. Tenía por nombre Batallón Patricio Lumumba. Entre sus objetivos debía cumplir múltiples misiones, en primer lugar, como reserva de la columna del Ché, a cuya fuerza se uniría en caso necesario, en el momento oportuno.

Foto: Archivo de Tribuna de La Habana

Participarían, además, en acciones combativas junto a un grupo de asesores en el Segundo Frente guerrillero del MPLA, en Cabinda, donde debían preparar columnas de combatientes angolanos, equiparlos y ayudarlos a emprender la ruta hacia el interior del país, específicamente, el Primer Frente al norte de Luanda. De esta múltiple misión eran responsables los compañeros Jorge Risquet (responsable de la Dirección Política) y el hoy General de Brigada ® Rolando Kindelán (jefe Militar).

Un grupo de seis oficiales y soldados del Batallón entrenaron a los guerrileros angolanos en la provincia de Cabinda y combatió junto a ellos. Mientras, otros miembros del Batallón, ubicados en sus campamentos en el Congo Brazzaville, organizaron, prepararon y armaron tres columnas del MPLA: la Camilo Cienfuegos (entre abril y julio de 1966), el escuadrón Kamy (agosto—diciembre de 1966) y la Ferraz Bomboko (1967). El entonces capitán, posteriormente General de Brigada Rafael Moracén y jefe de la escolta del desaparecido Presidente Agosthino Neto, resultó un hombre clave en las acciones militares realizadas en Cabinda. Bajo su mando se encontraban instructores que entrenaron las tres columnas. Esta colaboración directa se brindó durante los años 1965—67, mientras la dirección del MPLA y el Batallón Lumumba permanecieron en el Congo Brazzaville.

A partir de entonces y hasta 1974 la solidaridad cubana con los revolucionarios angolanos se manifestó en el respaldo a su lucha patriótica en importantes escenarios internacionales como las Naciones Unidas y el Movimiento de Países No Alineados, así como en el entrenamiento de hombres y la concesión de bolsa de estudios universitarios, en nuestro país.

Operación Carlota

Cuando en 1975, los Acuerdos de Alvor fueron descaradamente violados por el FNLA y la UNITA, el MPLA solicita con urgencia la colaboración militar de Cuba. Los grupo fantoches, ejecutaban crímenes sobre la población civil, dirigidos, financiados, entrenados y armados por la CIA, Sudáfrica y Zaire, El primer comandante Díaz Argüelles, entonces jefe de la Décima Dirección del MINFAR, recibe la tarea de establecer contacto con el MPLA, en Luanda. Se produce el encuentro en los días comprendidos entre el 3 y el 8 de agosto de 1975. Para el 21 de ese propio mes, el comandante Díaz Argüelles, está de regreso en Angola para radicarse en Luanda al frente de la Misión Militar cubana, como respuesta de nuestro país a las peticiones de los revolucionarios angolanos.

Foto: Archivo de Tribuna de La Habana

Es de conocimiento público que el MPLA había planteado, a través de Díaz Argüelles, la necesidad de aproximadamente 100 instructores para contribuir a la preparación de unidades de las FAPLA (Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola). Cuba había sugerido organizar, preparar y armar aproximadamente 50 unidades de las FAPLA (integradas en batallones de infantería y baterías de artillería), que debían ser entrenadas en cuatro escuelas militares. Se crearían los Centros de Instrucción Revolucionaria (CIR), ubicado en Dalatando, al este de Luanda; Cabinda, en el norte del país; Saurimo, en la región nordeste, y el ubicado en el sur de Benguela.

En un informe al primer viceministro de las FAR (actual Ministro del Interior, General de Cuerpo de Ejército, Abelardo Colomé Ibarra), el comandante Díaz Argüelles relató (agosto de 1975) que: "El camarada Neto aceptó muy emocionado la proposición nuestra. Estaba conmovido. Me pidió que le dijera a Fidel que aceptaba todo". Se comenzaba el inicio de la Operación Carlota. Según el testimonio de Jorge Risquet, Cuba se había dispuesto a ofrecer al MPLA, casi cinco veces más instructores que los solicitados: "Si ibamos a mandar a nuestros hombres teníamos que enviar los suficientes para cumplir la misión y defenderse, porque un grupo demasiado pequeño habría sido arrasado".

Tres buques se encargan de transportar a la mayoría de los instructores y sus jefes; los otros hacen el viaje por avión (la transportación aérea fue el resultado de una de las páginas más gloriosas de la contribución a la liberación de Angola). Suman 480 hombres, y junto a ellos arriban a suelo angolano, entre el 5 y el 11 de octubre de 1975, 12 000 fusiles checos R—52, piezas de mortero, antiaéreas y cañones antitanques, así como uniformes, alimentos y demás avituallamiento, para dotar en los CIR a las unidades de las FAPLA.

Ubicadas en lugares clave desde el punto de vista geográfico, las cuatro escuelas entraron en funcionamiento a mediados de octubre de 1975 con oficiales cubanos al frente; los comandantes Romárico Sotomayor García y Eustaquio Nodarse Bonet, el primer comandante Ulises Estrada Reyes, y el cuarto centro, con más instructores y reforzado en armas, dado el aislamiento de Cabinda con respecto al resto del territorio de Angola, estaba bajo la conducción del comandante Ramón Espinosa Martín (posteriormente General de Cuerpo de Ejército).

La llegada de los instructores cubanos se inserta en un panorama político-militar complejo. Unidades de mercenarios zairenses penetraban por el Norte y avanzaban en silencio sin que la autoridad portuguesa impidiera la violación. Por otra parte, aunque el MPLA mantenía bajo su control 11 de las 16 provincias gracias a las acciones de las FAPLA, desde el mes de agosto instructores sudafricanos entrenaban a efectivos del FNLA y la UNITA, dentro del propio territorio angolano. Todo sin descontar la injerencia de Sudáfrica que aumentaba con el envío de sendos destacamentos militares a Calueque y a Ruacaná -15 kilómetros en el interior de Angola- con el pretexto de cuidar las instalaciones del complejo hidroeléctrico del río Cunene que proporcionaba energía a Namibia.

Los planes de impedir la liberación de Angola resultaban evidentes. Luanda es cada vez más amenazada tanto por el Norte como por el Sur. Queda bien clara la confabulación de las potencias imperialistas para impedir la independencia. En esa agresión. Por supuesto, Estados Unidos marchaba delante, flanqueado por Zaire y Sudáfrica. Inglaterra y Francia formaron en la retaguardia. Esta era la coalición que se creaba en el verano de 1975 detrás de la UNITA y el FNLA.

Foto: Archivo de Tribuna de La Habana

Entre los días 2 y 3 de noviembre, en Catengue, instructores militares cubanos y sus alumnos angolanos del CIR ubicado en el sur de Benguela, intentan detener el avance de la columna blindada sudafricana, la cual desde el 14 de octubre avanzaba desde Namibia hacia el Norte angolano en dirección a Luanda. Es esa la primera resistencia organizada que encuentran los invasores, quienes a pesar de sufrir sensibles bajas pueden franquear la posición y continúan avanzando hacia el Norte debido a su superioridad en hombres y medios. Sangre cubana y angolana se derramaban juntas por primera vez. Cuba tomó la decisión de enviar las primeras tropas regulares para combatir en Angola y enfrentar a los agresores sudafricanos.

El día 5 de noviembre de 1975, el Comandante en Jefe, Fidel, se reúne con los primeros voluntarios. Les habló, sobre todo, de la invasión sudafricana. Dijo que algunos de los instructores cubanos habían muerto, que la situación era difícil, que debíamos detener a los sudafricanos antes de que llegaran a Luanda y que muchos no regresarían a la Patria. Cualquiera de los hombres seleccionados podía decir que no; la decisión personal, con absoluta libertad, determinaba quien partía o no hacia el campo de batalla. Empezaba así la Operación Carlota, que duraría 15 años y medio, hasta el 25 de mayo de 1991, cuando los últimos 500 internacionalistas cubanos en África regresaron a Cuba, tras demostrar con creces el espíritu solidario de nuestro pueblo en su compromiso histórico con los pueblos de África.  Una operación solidaria que posibilitó la independencia de Namibia y el fin del Apartheid.

Operación Tributo

Foto: Archivo de Tribuna de La Habana

En el año 1989, se determina comenzar las acciones para el traslado a Cuba de los restos mortales de los cubanos caídos en misiones internacionalistas en países de África, símbolo de que una época se cerraba y otra se abría en la historia de la Revolución.

Fueron estos mártires cargados en hombros por el pueblo y sepultados en la tierra que honraron y en la que cada año, en marcha de peregrinación hacia los panteones erigidos en cada municipio del país, se le rinde merecido homenaje. El Líder histórico de la Revolución, Fidel, expresaba aquella mañana del 7 de diciembre de 1989:

“Al escoger esta fecha para dar sepultura a los restos de nuestros heroicos combatientes internacionalistas caídos en diversas partes del mundo, fundamentalmente en África, de donde vinieron los antepasados de Maceo y una parte sustancial de nuestra sangre, el 7 de diciembre se convertirá en día de recordación para todos los cubanos que dieron su vida no solo en defensa de su Patria, sino también de la humanidad. De este modo, el patriotismo y el internacionalismo, dos de los más hermosos valores que ha sido capaz de crear el hombre, se unirán para siempre en la historia de Cuba”.

En sus palabras, esbozaba la participación de cubanos en diferentes misiones internacionalistas entre las cuales marcaron pauta, la asistencia de médicos y especialistas de la salud en otras regiones del mundo. Especialmente para quienes cumplieron el sagrado deber con la patria y cayeron en tierras africanas subrayó:

“Los cientos de miles de cubanos que cumplieron misiones internacionalistas militares o civiles, contarán siempre con el respeto de las presentes y futuras generaciones. Ellos multiplicaron muchas veces las gloriosas tradiciones combativas e internacionalistas de nuestro pueblo.

Estos hombres y mujeres a los que hoy damos honrosa sepultura en la cálida tierra que los vio nacer, murieron por los más sagrados valores de nuestra historia y de nuestra Revolución”.