Desde horas tempranas de la madrugada se ve el ir y venir de hombres y mujeres, los cuales enarbolando banderas, pancartas y consignas participarán en una de las movilizaciones más grandes y trascendentes de la historia de la Isla.

Este Primero de Mayo constituirá un día de demostración de la inquebrantable unidad de los cubanos en torno a la Revolución y al proyecto de vida que está erigiéndose para todos los ciudadanos, sin distinción de clase, credo o raza.

Con la actualización del modelo económico socialista y la nueva Constitución de la República se complementa el anhelo de un pueblo decidido a desarrollarse con justicia social, paz e independencia.

Será sin dudas una fecha de reafirmación y apoyo a las conquistas obtenidas a lo largo de estos casi 60 años de proceso emancipador, y una convocatoria a trabajar más y mejor, con redoblada eficacia productiva por el futuro de la Patria.

En cada una de las plazas del país retumbará la condena masiva a los propósitos injerencistas y anexionistas de la mafia cubano-americana radicada en Miami y sus asalariados de turno, quienes en contubernio con lo más reaccionario de la administración estadounidense que preside Donald Trump, fomentaron la aplicación del Título III de la infame Ley Helms-Burton que tiene el fin de asfixiar por hambre, enfermedades y desesperación a la población de la Mayor de las Antillas.

Lo que olvidan esos señores de la maldad y al servicio de la guerra, el intervencionismo y actos de lesa humanidad es que en este pueblo hay millones de coterráneos fogueados por el tradicional bregar de lucha frente al imperio norteamericano, ese que ha intentado contra esta tierra múltiples vejámenes, agresiones, acciones terroristas, asedio económico, comercial y financiero, y aberrantes campañas mediáticas de desinformación sobre la realidad de esta nación fecunda en héroes, y próceres de la Patria.

Con unidad y compromiso por la victoria, una vez más Cuba vencerá a los que osen pisotear su dignidad y soberanía.