“Y allá en el fondo está la muerte
si no corremos y llegamos antes
y comprendemos que ya no importa”.
Julio Cortázar


Para muchos la noche del pasado 27 de enero marcó un antes y un después en sus vidas. Algunos tienen las huellas en su cuerpo y la memoria de horas interminables, bajo la angustiosa condición de atrapados entre los escombros, incomunicados, en medio de la incertidumbre, por la indescriptible experiencia que sufrieron bajo el impacto de un tornado F4, pero no estaban solos. Dotaciones del Cuerpo de Bomberos, con sus especialistas de salvamento y rescate, acudieron al llamado, en los tres municipios más afectados: Regla, Guanabacoa y 10 de Octubre.
Las historias de estos hombres que se exponen a riesgo de sus vidas no son casi nunca relatadas. Los bomberos tienen esa especie de pacto con la acción que define la delgada e imaginaria línea que separa el espacio y el tiempo para realizar sus labores, donde las palabras no pueden llenar las angustiosas jornadas entre la vida y la muerte.
Así lo explica el Mayor Alexander Santillano Desait, jefe del Comando especial 1 de La Habana Vieja:
“Eran las ocho de la noche cuando llegamos al Hospital Materno de 10 de Octubre. Nos reunimos con todo el personal que se encontraba en Luyanó: dos técnicos de rescate, la dotación del Comando 1, con un apoyo del Comando 25 del municipio San Miguel del Padrón que al frente se encontraba el jefe del Comando 11.
“Tomé la decisión de crear 3 grupos para atender las diferentes áreas del municipio. En el hospital era bastante compleja y envié los dos grupos restantes hacia allí. Evacuamos a 4 personas que no tenían que ver con el hospital pero estaban en condiciones pésimas y fueron trasladados en dos móviles del Sium. "Caracterizamos la prioridad de evacuación, primero los 14 nonatos, mujeres de preparto, algunas con cesárea. En 25 años de servicio jamás habíamos encontrado una situación como esta. Teníamos experiencia con otras situaciones meteorológicas como los huracanes, pero no de esta rapidez de formación y capacidad de desastre.
“Con el apoyo de los técnicos de rescate pudimos proceder a la evacuación de los nonatos, entre ellos dos en estado grave y otros con heridas por los cristales. Había lesionados entre los que estaban en el hospital y residentes de la zona aledaña. El objetivo fue salvar esas vidas y lo logramos. Considero aquellas horas indescriptibles en palabras. Sin embargo, una vez más demostramos que estamos preparados para enfrentar eventos de cualquier magnitud”.

Los rescatistas: Capitán Alejandro López (al centro) y los técnicos Alejandro Cárdenas (izquierda) y Yasniel Viera (derecha), satisfechos de las vidas preservadas en medio del desastre. Foto: Ricardo Eymir Suárez

Usted destaca que, en la complejidad del escenario, debió tomar decisiones impostergables. ¿Tuvo en cuenta el factor riesgo causado por un error en esas determinaciones?
“Somos profesionales, pero seres humanos. Estamos preparados para aplicar variantes bajo condiciones extremas, incluso al salir de una operación podemos entrar en otra. Son cuestiones que están dentro de la preparación física, psicológica y profesional de nuestros equipos de bomberos y rescatistas. Actuar con precisión conlleva a buscar un resultado inmediato en medio de un siniestro o catástrofe en las cuales están involucradas las vidas de las personas, lo primero y más importante.
“En el hospital Materno de 10 de Octubre, trabajamos en forma sincronizada. Resultó impresionante la actitud y el sentido de preservar a sus pacientes por los trabajadores del propio hospital y los compañeros del Sium. Lo califico de exacto. La cooperación fue la más idónea para evacuar en las condiciones de aquel lugar”.
El Tte. Andy Michel Ramos Sotolongo, jefe de compañía del Comando especial 1, apenas tiene 27 años. Resulta convincente en la sobriedad de sus respuestas: “Salimos en apoyo de los dos técnicos de rescate y salvamento, en medio de la escena provocada por el devastador tornado que arrasó con el hospital materno. Fue uno de los momentos más duros que he vivido en mi experiencia de 12 años de bombero. Evacuamos a un matrimonio que se encontraba atrapado bajo los escombros y después buscamos a otras personas en cada nivel del edificio…" 
El Capitán Alejandro López Portuondo, de 30 años, es jefe de grupo del Destacamento de rescate y salvamento. Acudió a la zona denominada como el nudo de Regla, próxima a la intercepción con la Vía Blanca que delimita el municipio de Guanabacoa.
“En derredor todo era un caos. Sabía que resultaba importante cada segundo en el cual podía determinarse el salvar una vida por la rapidez de nuestras decisiones y, especialmente, la coordinación entre los subgrupos por la alta solicitud de ayuda de las personas atrapadas entre los derrumbes. Es una experiencia fuerte. Puedo asegurarle que no se acostumbra nadie.
“Cumplí misión cuando el terremoto en Ecuador y en Dominica, allí lo sientes desde un punto de vista doloroso y compartimos nuestra experiencia como apoyo solidario, pero aquí -en nuestro país- nos marcó demasiado porque se trata de nuestras raíces…”, dice y me habla de su felicidad por el pequeño Alejandro, su hijo de apenas un mes y medio de nacido, cuando él salió dispuesto a priorizar las vidas de ciudadanos atrapados, incomunicados y en medio del desastre.
Alejandro Cárdenas Aguilar, a sus 20 años, ya ostenta la calificación de Primer técnico de rescate del Comando especial. Es civil, con experiencia de casi 8 años, durante las cuales ha participado en numerosos servicios, “pero esa situación era devastadora. No teníamos idea de la magnitud. He visto cosas muy duras, de acuerdo a mi especialidad de rescate en el mar, derrumbes, escalamiento..., pero aquí la situación nos obligó a reservar la adrenalina y mantener el control. No se concibe un rescatista sin control.
Yasniel Viera Hernández. Primer técnico de rescate, estuvo en Regla y Guanabacoa, con sus 12 años de servicios, nunca había enfrentado un fenómeno similar. “El rescate de la anciana duró casi tres horas y media, ella se encontraba a cuatro metros de nosotros, bajo una placa de hormigón. Teníamos que ser precisos a riesgo que cediera la estructura de concreto y quedáramos atrapados también, en medio de aquella situación climatológica adversa. Allí sacamos el cadáver del esposo y eso fue un momento muy difícil.
¿Para definir nuestra labor? Honor, coraje, disciplina y profe-sionalidad. De esto depende el éxito de nuestra misión”.